MUTISMO SELECTIVO

El trastorno antes mencionado, el mutismo selectivo, es una forma de trastorno infantil vinculado a la ansiedad en la que el individuo que lo padece es incapaz de hablar en determinados contextos.
Los síntomas del mutismo selectivo son la disminución y desaparición de la capacidad de habla en circunstancias determinadas o ante determinadas personas, generalmente ante personas ajenas al círculo más cercano al menor. Esta aparente falta de capacidad solo se da en dichas circunstancias o situaciones, con lo que en otros contextos o con allegados en que se siente seguro el niño se comunica con normalidad. No se trata pues de que se carezca de habilidades comunicativas o que estas se hayan deteriorado por alguna causa, simplemente el menor no puede ponerlas en marcha.
Estos síntomas se producen como mínimo durante un mes sin que haya ocurrido ningún cambio relevante que justifique la aparición de una posible timidez. Tampoco se trata de una dificultad causada por una enfermedad médica que pueda justificar la falta de comunicación oral.
Aunque el término selectivo puede hacer parecer que la falta de habla es intencional, en un gran número de casos no lo es. De hecho, es frecuente que el menor en realidad quiera expresarse a pesar de ser incapaz de ello, y en ocasiones recurre a estrategias como el uso de gestos. A pesar de esto en algunos casos sí que se da de manera intencional, como intento de mostrar oposición a una situación o persona.
Así pues, el mutismo selectivo supone un elevado nivel de angustia y sufrimiento, además de que produce una alteración significativa en la vida social y académica del menor.




Causas de este trastorno

El diagnóstico de mutismo selectivo exige que se descarte la presencia de enfermedades médicas o que la falta de habla se deba a un desarrollo insuficiente de esta capacidad como para permitir la comunicación oral.
Las causas de este problema son principalmente psicológicas, concretamente a la presencia de ansiedad. Se trata de una afectación parecida a la fobia social (en muchos casos comórbida con el mutismo selectivo), en la que también existe un miedo a ser juzgado y evaluado. El riesgo y la presión cuando son el centro de atención hacen que el sujeto no actúe, cosa que se ha entendido como una respuesta aprendida mediante condicionamiento.
También se ha ha observado que existe cierta influencia familiar hereditaria, ya que se trata de un trastorno más frecuente en familias con problemas de ansiedad o del estado del ánimo.
Por la ausencia de habla, el mutismo selectivo puede hacer que quien lo padece pueda aparentar hosquedad y falta de interés en la comunicación, con lo que el contacto social disminuye y puede aparecer rechazo hacia el menor en cuestión. Este hecho retroalimenta la situación de mutismo al producir una tensión y ansiedad mayores al ser juzgado negativamente por los demás





Tratando el mutismo selectivo

Si bien en algunas ocasiones el trastorno remite tras varios meses, en otros casos puede durar años, cosa que dificulta la adaptación social del niño en cuestión. La participación de la familia y el entorno es fundamental. Resulta especialmente importante no criticar la falta de habla del niño, cosa que puede reducir su autoestima y empeorar el cuadro. Enseñar formas de socialización, destacar sus fortalezas y apoyar sus esfuerzos son de gran utilidad.
Uno de los tipos de tratamiento psicológico más habituales en caso de mutismo selectivo es el uso de diferentes terapias de exposición al estímulo fóbico junto al manejo de contingencias que puedan afectar a la emisión o no emisión del habla.



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